martes, 1 de diciembre de 2009

La Calle del Pobre

Era un hombre pobre, que vivía en aquella pequeña calle peatonal. Al menos, eso era lo que creía Susana. Ella tenía veinticinco años y estudiaba algo así como empresariales, o derecho, o alguna filología, o una de esas otras carreras de bien. Tenía el pelo largo, liso, castaño y brillante, la cara sin un grano ni marca, y los pantalones, las botas, la chaqueta y el pañuelo, con nombres escritos de gente rara. También tenía una gorra blanca, de lana coqueta, que le daba un aire interesante, que seguramente no merecía. 
Susana pasaba todas las mañanas por aquella calle, camino de su facultad, apartando la mirada del pobre, que más que mendigar, pasaba el rato allí sentado, dedicándose a existir. Tenía la cabeza rapada, llena de cicatrices, ocultando los ojos del resto del mundo entre sus brazos, tan inactivo, como seguramente aburrido del mundo. Habría que dejar claro que, a Susana, la presencia de aquel tipo le desagradaba. Todo el día allí tirado, y nunca hacía nada. Se preguntaba, por qué nadie se lo llevaba ¿De qué tonterías se ocupaba la policía?
Pero no sabía de las palizas, del frío de cada noche, de los borrachos impertinentes y del “no hay más sitio en el albergue”.

La chica le juzgaba con dureza, aunque, era cierto que podría haber buscado un trabajo. Sin casa, sin coche ni formación, por trescientos euros o algo así, de diecisiete a ocho, sin contrato, y al mes.

Pero claro, pasaban los años, y es que es lo que hace el tiempo, y el pobre seguía allí plantado, y Susana seguía estudiando. 

Fue en uno de esos días cuando estalló la guerra. La gente se volvió loca, peleando entre hermanos y esas cosas que llenan portadas de diarios. Una batalla campal de proporciones épicas, filmada con helicópteros y que sacó al ejercito de los cuarteles. A Susana le pilló en aquella calle, y echó a correr en dirección al pobre, encontrando más tumultos en la otra entrada.
–¡Ayúdame! ¡Se van a matar!
–Bueno, era cuestión de tiempo –Respondió el pobre sin levantar la cabeza.
–¿Es que ahora tampoco vas a hacer nada?
–Me parece lo más consecuente, no quiero que me maten a mí también.
–No eres más que un cobarde.
–¿Qué piensas hacer tú?
–Yo voy a luchar –Dijo Susana, y una leve ráfaga de aire meció su precioso cabello. Fue una pena que el helicóptero no lo filmara.
El pobre continuaba impasible y tras dejar que el viento se llevará las palabras de Susana, preguntó:
–¿Por qué? ¿Por quién? –Aquello desorientó un poco a la doncella guerrera.
–Pues… Por mí. Por sobrevivir.
–Si quieres sobrevivir, será mejor que no te metas.
–¡Pero es que se van a matar!
–¿Y cómo quieres impedírselo?
–¿Es que tu nunca haces nada?
–Sobrevivo. Creo que mi método es mejor.
–Deberían matarte a ti. Ahí están matando a gente buena, y tú no haces nada. Nunca haces nada. Te pasas el día tirado contra esa pared, ¡seguro que hasta te meas encima!
–¿Prefieres matar inocentes o no salvarlos?
–Eres cómplice al no hacer nada.
–Creo que puedo vivir con ello.
–¡Pues yo no puedo! Voy a ayudarles.
La chica se dio media vuelta hacia la reyerta, dispuesta a correr y salvar el mundo, pero sintió un impacto en su pie que la frenó en seco, cayendo al suelo sobre los cuadrados adoquines. Notó que se le iba la visión, se tendió boca arriba y creyó flotar por un instante. Centró la vista y vio al pobre sosteniéndola, levantándola en brazos.
–¿Qué haces? –Murmuró con un hilillo tenue de voz.
–Salvo a una inocente.
–Sobreviviremos.
–Si no quedan inocentes, no nos servirá de nada.
–Tienes… unos ojos preciosos…
Y la chica se desvaneció. Y tenía razón. El pobre tenía unos ojos preciosos dentro de un rostro demacrado. Seguramente, si Susana los hubiera visto antes de ese momento, pensaría que eran robados.

3 comentarios:

  1. Si con cada texto estas tratando de enseñar algo, miserable y decrépito escritorzuelo, LO CONSIGUES, amamarla!!! d poco sirve seguir si solo te rodean kilómetros de cemento y no hay ojos que mirar por el camino.

    ResponderEliminar
  2. Creo que la idea es mostrar una idea, tal vez con alguna que otra conclusión. Gracias por el comentario, parece qu eres el único que sigue esto, pero ahora tendré que escribir otro rápido :)

    ResponderEliminar
  3. siento haber tardado tanto en poder exarle un vistacillo a tu alma publica, xo ya sabes la enfermedad moderna de nuestros tiempos k es el stress y la responsabilidad no m dejan tiempo de disfrutar de un texto bien escrito.
    te felicito peke, xo en el siguiente no m remuevas la conciencia, intenta conmover mi intelecto jejejejeje

    ResponderEliminar