martes, 19 de enero de 2010

Übermensch Por Obligación

Sentados en el tejado, observábamos la ciudad desperezarse. Algún borracho regresaba para casa recogiendo parte de su vergüenza, los coches empezaban a rugir en sus madrigueras y nosotros, nos estábamos quedando sin tabaco. Hacía bastante frío, y todo estaba cubierto de azul y gris por una lluvia fina, casi imperceptible, que dibujaba Madrid hasta el horizonte. Tal vez, hasta Móstoles.
–Mira, están abriendo el bar –Dijo mi acompañante.
–Ahora vuelvo –Y salté.
Más que un salto fue un intento por seguir avanzando donde terminaba el camino de baldosas naranjas. Escuche un “espera” rodeado por muchos signos de exclamación, pero tenía prisa por llegar al bar y no le hice caso, llevaba horas diciéndome lo importante que era mantenernos fijos en nuestras convicciones y no desesperar por no encontrar trabajo ni de limpiapajas. Mi voluntad tenía un objetivo, estaba ocho plantas más abajo y tres con treinta insertado por el más minúsculo agujero de la maquina.
Cuando la gente se cae por la ventana en las películas todo va muy despacio, o les da tiempo a pensar muchas cosas. Carente de la experiencia, como todos esos directores, pensé que tendría algún tipo de revelación, a parte de una mirada fugaz en el cuarto de una vecina. Lo último que verían mis ojos, era a un ama de casa de sesenta años pasando la aspiradora con una bata azul de flores blancas estampadas, zapatillas viejas, rosas, y pobladas de pelo de gato, habitadas posiblemente por una civilización de seres mágicos llamados patógenos.
Como no me parecía justo, me detuve a un metro del suelo, más o menos, roté sobre mi centro gravitatorio, y cogí una postura adecuada para continuar hasta el bar, mientras bajaba suavemente para tomar tierra. Me prometí que no volvería a bajar de aquella manera, pero una vez comprada la dosis de nicotina soñé con subir otra vez, con remontar el vuelo hasta aquel tejado donde me esperaba una litrona mediada y una conversación agradable, por no mencionar las vistas. Pero se me había pasado el momento, y aunque fui capaz de retar a la realidad por salvar mi vida, me resultó imposible destacar por mi propia disposición… Y dije:
–Un paso, dos…

Y cogí el ascensor.

3 comentarios:

  1. Eres genial!!, para cuando otro tejado...

    muchas troncias

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  2. Vaya, muchas gracias. No sabeis lo que animan vuestros comentarios :)

    Ando un poco liado estos días, pero en cuanto pueda intentaré retocar algo de loq eu tengo por aquí a medias.

    Un abrazo, y de nuevo, gracias.

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