martes, 2 de febrero de 2010

Damas y Caballeros

–¡Damas y caballeros! –Gritaba el enano regordete de casaca roja y pantalones blancos. Parecía que iba a declararle la guerra a Jonathan Swift por derechos de autor.
“¡Damas y caballeros! –Repitió igual de convencido. A mí me resultaba difícil discernir cualquiera de los dos en aquella carpa donde se me estaban empezando a congelar los bemoles. El respetable estaba compuesto por una troupe de catetos cuyas formas no parecían responder a tales apelativos. Por supuesto, yo ignoraba la novena acepción de la Real Academia para la palabra caballero, que dice textualmente: “Depósito de tierra sobrante colocado al lado y en lo alto de un desmonte.” Junto a lo de las damas, no alcancé a ver en aquel pequeño Ron Jeremy al poeta que, magistralmente, ocultaba sus hipérboles y metáforas en las mismas palabras que tanto alagaban a la caterva de mindundis.
“Damas y caballeros –Esta vez también gritó, pero no lo exclamaba, se dedicaba a enredar al público–. Les ruego que dirijan su atención a la bella Isabella, quien pondrá en peligro mortal su vida al ejecutar su… –Hubo una pausa dramática– ¡Danza de la tela! ¡Su baile sobre el aire! ¡Su tissue! –Esto último se lo podía haber ahorrado el retaco, pero nadie se percató, ya que habíamos levantado la vista para ver a la mujer que, colgando de los mástiles, se suspendía en el aire envuelta en una fina tela alrededor de sus piernas. Lo cierto es que todavía hoy me pregunto como aquel espectáculo de payasos con arrugas, tigres famélicos y magos de los que sacan flores del sombrero, tenía entre sus filas a semejante artista. Las damas y los caballeros aplaudían y berreaban como focas mientras yo me abstraía, dejando aquello como un sonido sordo y lejano. Era como si se me hubieran taponado los oídos para poder disfrutar del momento, de aquella belleza que no merecían los siete que había pagado para entrar. Sabía que era mayor, que no era una mujer atractiva debajo del maquillaje, pero en ese momento, me tenía enamorado, tal vez a todos, y por eso los primates que me rodeaban parecían tan excitados. Los niños, ajenos aún a la estupidez de sus modelos fraternales, hacían lo que haces cuando ves algo maravilloso que no habías concebido. Los niños disfrutaban, como disfrutaba yo, como si me estuviera susurrando y notara su respiración a mi lado, como si de vez en cuando me mordiera un poco la oreja. No sé si los niños tenían ya la capacidad de hacerlo, pero yo me estremecí con cada vuelta, con las figuras suspendidas contra el hortera fondo de rayas rojas y blancas, pero incluso aquello me era velado por la tela que sostenía aquel cuerpo seis metros sobre el suelo.
Se descolgó, y bajó al mundo de los mortales Se precipitó, quedó colgada a un palmo del suelo. Luego, se desenredó, y volvió a ser una vieja con mallas, y volvió el bullicio. La masa aplaudía, y yo, con la boca abierta di el único aplauso sincero de la tarde. Su pecho se movía tratando de recuperar el aliento bajo las lentejuelas, hizo una reverencia y desapareció, para dar paso a la facundia del minúsculo bardo, a otra intervención de los abatidos payasos y a un número con un perro de dudoso valor estético.
Salí de la carpa y me encendí un pitillo planteándome dar un paseo, cuando se despejara un poco, por la barraca de los reptiles. Un remolque convertido en pasillo para iguanas y serpientes que los lugareños se habían apresurado a abarrotar. Mientras esperaba la vi pasando, ya cambiada, por la parte oscura de las caravanas, y me atreví a acercarme y a decirle cuanto me había gustado. Creo que flirteó conmigo, yo al menos lo hice con ella, cegado aún por el recuerdo de su actuación, arañando cada resto de la magia que había desplegado. Y lo demás, es historia. Una historia lasciva de dos cuerpos con treinta años de diferencia y una roulotte desvencijada, de respiraciones entrecortadas y chirridos, de una dama y un deposito de tierra sobrante colocado al lado y en lo alto, en lo más alto, de un desmonte.

4 comentarios:

  1. el mundo del circo siempre me ha causado una extraña sensación, como de ensoñación grotesca, decadencia, y olor a tigre.

    Parece que comento por comentar, pero es que no se me ocurre nada mejor que decir. Eso sí, gustarme me ha gustado una jarta, como diría la gran Griffith. :)

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  2. Muchas gracias awi, empezaba a pensar que nadie leía los post de más de trescientas palabras, y menos en época de examenes. Así da gusto levantarse de la cama (sí, soy un vago, pero es que he soñado con una historia que si la pulo un poco...)

    Gracias por todo señorita, bueno, y a los que leeis desde las sombras, que sé que estais por ahí.

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  3. Óscar: que no se comente no significa que no se lea. He llegado aquí siguiendo las huellas del ladrón de palabras. Te iré leyendo. Un saludo.

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  4. Muchas gracias mateo, y bienvenido. Espero estar a la altura para conservarte como lector.

    Un saludo.

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