martes, 16 de febrero de 2010

Relato Poético Salpicado de Realidad por un Pequeño Instante Extremadamente Corto

Tú estabas hecha de pena y yo no llegaba a payaso. Nos despertábamos cada mañana como una suicida y su cachorro lleno de energía. Jugábamos un rato y a veces te arrancaba una o dos sonrisas antes del café, y de que te insistiera en no ir a clase, en quedarnos a saltar sobre la cama. Tú siempre querías saltar por el balcón.
Caminábamos de la mano y yo puchereaba por llevarte a ricotes. Quise regalarte un gorrión y compraste una tortuga, pinté las paredes de naranja y tú los techos de negro. Puse estrellitas fluorescentes y dibujaste constelaciones de calaveras y puñales. Te dije que quería estar siempre contigo, y hablaste de prenderle fuego a la casa. Te besaba, y me mordías. Nos queríamos como un explorador y las pirañas, conscientes de lo aburrido que sería nuestra vida sin el otro, de lo insípido de la aventura.
Y escribías aquellas poesías llenas de rabia y desconsuelo, y se lo contagiabas a mi guitarra cuando le gritábamos al mundo que este estribillo iba por el espejo donde nos conocimos, tú tan sonriente como borracha, yo tan triste como beodo.

4 comentarios:

  1. Eldelos Sueños Largos17 de febrero de 2010, 13:35

    Cómo quedan en la mente los recuerdos...
    ... y qué poético hace todo el empalagoso amor.

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  2. ¡¡Me encanta...!!
    Siempre es un gusto pasearse por aquí ;)

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  3. Gracias a todos. Para mi gusto me quedó flojo, pero se agradecen vuestros alagos, apesar del largo camino que em queda por recorrer para merecerlos.

    Un saludo, gracias por leer.

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