jueves, 4 de marzo de 2010

Parpadea

Puede que amanezca amenazando tormenta, puede que cualquier noche salga el sol, encontrando sus maneras de vivir. Puede que la nota se haga silueta.

Todo ello ocurrirá en un suspiro, en un abrir y cerrar de ojos. En un vistazo, la sonrisa de un niño, y un poco más arriba, tras un parpadeo, el miedo en la mirada de su madre.

Cambiante, mutable, desafinado. La realidad se vuelve sueño, la pesadilla, sustancia. Se dibuja con palabras, adornando la prosa con el sonido de la poesía, y mil mujeres son violadas cada semana no tan lejos, obligándolas a ver morir a sus hijos, o tal vez, a decenas de decenas se las desflora de jueves a miércoles en las cercanías de nuestra patria, compelidas a conocer por sus luceros el óbito de sus vástagos. 

Y parpadeo. Y en un momento lo veo todo feliz y tonto, inocente y bailarín; y cuando sube y baja el telón, en esa milésima de segundo, todo se convierte en ruinas, en una fotografía atacada por gasolina, en un telescopio enfocado al cuarto de tus padres, en lugar de tu ventana. Entre medias de esa cortina estás tú, y por eso viene todo esto, por esa milésima de segundo que no percibo, porque cuando cierro te veo triste, y cuando abro sonríes. La persona que ocurre entre medias, es la que necesito conocer.

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