martes, 13 de abril de 2010

Aire en Movimiento

Se había hecho de viento, y no dejaba que nadie más escribiera el guión de sus momentos. Ni rencores, ni falacias, ni el apocamiento frente al juicio de sus vetustos iguales. Más que dejarse llevar por la corriente, se había corroborado sin darse cuenta como flujo, y movía su cuerpo, hecho de sus propios aires, desde su ventana a la calle. Subía a los cielos, se fumaba un cigarro, respiraba humo vacio, y se precipitaba a través de la ciudad, abarcando todo, traspasando íntegramente a cada criatura, edificio y político. Podía llegar al bosque en un parpadeo, y olvidar el agotamiento de toda su vida pasada entre el metro, la escuela, la oficina y sus prácticas, la fábrica y la guardería. Podía jugar con las olas a darse besos que no llegaban, a dibujar estrellas apuñalando la manta nocturna. Podía hacerlo todo, provocando huracanes a su paso, liberando la imaginación de cuantos participaban en su disparatado dialogo. Podía hinchar las velas, derrotar ejércitos, abrazando el caos como a su amante. Podía escribir desde la dipsomanía las palabras de su subconsciente, tan ajenas a sus deseos más ocultos. Podía hacerlo porque era de viento, y lo único que no podía, era atravesar un espejo.