lunes, 24 de mayo de 2010

La conocía

Era una monada rubia con una camiseta de buda. Nos veíamos a menudo en un garito de rocanroll, era amiga de otras amigas que nos habían pedido fuego. Era inocente y amante de los que quería, como si fueran parte de su familia. Yo era aún un caballero sin armadura, me recuerdo mucho más noble y con menos sarcasmo en los comentarios. Me gustaba estar sobrio.
Fue vida, noche, tarde y despertares felices durante tanto tiempo que me lo grabó a fuego en una piel que todavía no había curtido el tabaco. Fue licor dulce, caramelo en los helados, alguien de quien cuidar y que velaba. Fue un abrazo de esos que nunca se acaban cuando deben para los espectadores, pero que el tiempo no tiene más remedio que pararse a contemplar.
Hubiéramos sido ella y yo para siempre, si el mundo no fuera imperfecto y carente de clemencia. Habríamos cambiado nuestro panorama cada mañana, y cada ocaso, borrar la pizarra.
Somos dos extraños que se conocen debajo del hormigón del muro, incapaces de alzar lo bastante la voz para gritarse que siguen ahí.

3 comentarios:

  1. El mundo es despiadado con los que se aman.

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  2. Muy bueno, de lo mejorcito que has escrito ultimamente, "estas en vena"...

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  3. Somos dos extraños que se conocen debajo del hormigón del muro, incapaces de alzar lo bastante la voz para gritarse que siguen ahí. Es como en esa cancion: Now you're just somebody that I used to know...

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