domingo, 26 de diciembre de 2010

Una Cena

Antes de empezar a escribir me tenso las manos buscando el crujido. Si cruje es una confirmación de que lo usas. Me gusta confirmarme. De pequeño me confirmé demasiado poco, y nunca pasé del notable ni del suspenso. Nunca fui demasiado deficiente, ni demasiado sobresaliente. Era cuestión de altura.

El caso es que yendo por donde iba, empezamos la noche los cuatro alabando a un monstruo azul que arreglaba el mundo con risas. Seguramente solo el suyo, que era el que tenía más cerca, pero no está mal arreglar una esfera entera, que no un círculo.

Continuando con el círculo lo expandimos hasta un nueve de dibujos animados en tres dimensiones y (seguramente) con dolby surround. Si no fuera por los últimos diez, o doce, o… bueno, el final, sería una gran película. Nos cuadramos algo. Dejamos crecer los edificios de cristal, los que parecen tan grandes cuando llegas a la gran ciudad cargadito de grandes gilipolleces sobre tu porvenir… Así.

Prosiguiendo con la velada, y con mi relato para aprovechar, pusimos una de mis películas favoritas conectada a la grandísima pantalla, aliñados con humo, vino y bebidas de carácter extraordinario, que debería significar lo que dice: más que ordinario; y retratar la autosuficiencia de la mediocridad feliz. Nos reímos de nuestros dibujos, contamos viejas historias. Apenas prestamos atención a la historia, salvo él y yo, que lo entendimos todo.
A la vuelta vinimos escuchando a zz top, tan viejos como los recordábamos. Lo cierto es que lo pasamos muy bien esa noche. Tan bien como mañana.

1 comentario:

  1. Ya era hora tío!!!! Que ganas de leerte, me has conseguido sacar una sonrisa en un día como hot que ni frío ni calor y donde ya te lo dije y ya lo sabía. He visto que habías escrito y se me han abierto los ojos, un abrazo!

    Cris

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