martes, 27 de diciembre de 2011

Prefiero Vivir En Un Ático

No puedo dormir en este cuarto. Realmente no puedo dormir en ningún lugar de toda esta casa. Hay ocho plantas más sobre mí, y eso me pone de los nervios. No es que crea que el edificio se va a venir abajo, el problema son las personas, como siempre. Si el resto del edificio estuviera vacío no tendría problema. No. Son todas esas vidas sobre mí. No sus vidas, sino sus muertes, todo lo que les está ocurriendo. No aguanto la idea de que todos estén cagándose, meándose, corriéndose y muriendo sobre mí. En alguna de las ocho plantas superiores alguien está follando, puede que haya un niño vomitando. Si no lo hay, lo habrá. Los niños vomitan en las fiestas. Seguramente hay un perro echando una meada en algún rincón desatendido. Y todos se están muriendo, y yo estoy despierto mirando al techo mientras se mueren, deseando que se mueran en otra parte.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Los Reyes Son los Padres

Mientras Jesús se come los cereales en la pequeña cocina del piso suena el timbre de la entrada. Los cereales son la comida favorita de Jesús. Hay lunas rosas, equis amarillas y estrellas moradas. Todas saben igual, pero él se molesta en intentar coger siempre el mismo número en cada cucharada para que el sabor esté equilibrado.

María aparece poco después con tres hombres trajeados.
–Hijo, tenemos que hablar.
–¿Quiénes son? –Pregunta inocente el niño dios.
–Verás hijo, hay algo que los padres les cuentan a sus hijos que no es del todo verdad. Los reyes magos, son los padres.
–Pero yo soy el hijo de Dios, todo el mundo lo dijo después de que expulsara a los ejecutivos del corte inglés de la parroquia. Soy el Rey de Reyes.
–Sí, sobre eso... Bueno, supongo que eres joven para entender lo que es una demanda por agresiones.
–Hola muchacho–dice uno de los hombres trajeados quitándose las gafas de sol. Tiene la barba pelirroja propia de un pedófilo.
–Hijo, estos son tus padres, los reyes magos de oriente.
–Mamá, eso es imposible. Mírales. No quiero ser racista, pero dos de ellos son blancos y el otro negro, ¡y yo soy chino!
–Bueno, puede que se haya entendido mal el título de "Magos de Oriente" –Dice el hombre negro mientras apunta algo en su teléfono de última generación.
–A veces los adultos hacemos cosas de las que no estamos del todo orgullosos. Algunas mañanas te levantas rodeada de tres importantes hombres de negocios y no recuerdas exactamente que ocurrió. Y luego aparecen en el hospital y te traen regalos, pero tu ex-marido ha sido tan bueno estos nueve meses contigo que no sabes muy bien qué hacer.

La cara de Jesús se retuerce en una mueca grotesca mientras su cerebro intenta encajar las piezas. Casi se pueden oír las ruedecitas tratando de girar después de haber metido un ladrillo entre los engranajes.
Los cereales oscilan sobre la leche mientras la cucharilla se sumerge, casi a cámara lenta.



–¿Me estás diciendo que soy un bastardo?
–Técnicamente sí, pero ha habido grandes bastardos a lo largo de la historia. Muchos reyes eran bastardos –Interrumpe el que parece más mayor, el de la barba blanca– Deberías estar orgulloso de que te llamen bastardo.
–Mamá, quiero que me expliques ahora mismo porqué llevo ocho años diciéndole a mis amigos que mi padre es una paloma.
–Yo era joven, tus abuelos no querían saber nada de mi después del asunto de la mirra, y no supe que decir. Fue un pacto entre José y yo, nos pareció lo mejor dadas tus habilidades.
–Entonces, en lugar del hijo de Dios, ¿no soy más que un Harry Potter de segunda?
–Según consta en nuestra base de datos, Harry Potter ya no gusta lo suficiente –Asegura Baltasar–, es mejor que te compares con otro icono más moderno, hijo.
–Chaval, deberías estar feliz, ¿quieres que demos un paseo por el rio y hablemos de hombre a hombre?
–Mamá, creo que he visto la foto de este hombre en un cartel del colegio.
–Oh, no, me confunden mucho –Dice Gaspar–. Es por la barba, pero no te preocupes, ya te crecerá. Viene de familia.
–No. Estoy seguro de que el niño es mío y no tendrá barba –Baltasar deja de mirar durante un momento su teléfono. Nadie tiene claro cuando se ha quitado las gafas de sol, pero ahora tiene sus ojos enormes posados sobre Jesús–. Yo fui el que más caña le dio aquella noche a la fulana. Estuve cerca de una hora sobre ella mientras Melchor...

Jesús interrumpe gritando y tapándose las orejas mientras Baltasar hace gestos explícitos sobre la logística sexual de los tres hombres y su madre. Observa con cara de miedo a los cuatro adultos y se destapa lentamente las orejas.

–A mi me la chupó antes de irse por la mañana, pero me hice el dormido –Finaliza Melchor.
–Mira, tu madre sólo quería que nos conocieras, esto tampoco cambia nada –Gastar le coge del hombro mirándole como Robin Williams en una película navideña–. Tal vez algún día quieras llamarnos y contarnos cosas de chicos, o dar un paseo por el parque...
–O podríamos escribirte una carta de recomendación –Dice Melchor– podrás ir al colegio que quieras.
–Bueno, es tarde, nos vamos. María, todavía tienes un buen culo, si quieres un extra ya sabes nuestro número. Mandaremos un coche. Chico, feliz navidad.
–Me llamo Jesús, y soy el Rey de Reyes, y voy a salvar al mundo de sus pecados, y todos me querrán y se maravillaran de mi amor.
–Suerte con eso. Nosotros ya nos quedamos maravillados del de tu madre.
Y se marchan. Se van y los cereales son ya sólo una pasta densa donde no se distinguen ni estrellas, lunas, ni equis de trigo. Y Jesús sólo piensa en marcharse de casa, juntar unos colegas y pasar de todo hasta marzo o abril.


martes, 20 de diciembre de 2011

Tiras de Ropa

Publicado en http://parafiliasilustradas.blogspot.com/
Ya en el ascensor tiro de tu chaqueta saltando los botones. Sonríes divertida y apenas aciertas a abrir la puerta mientras te muerdo el cuello, recorro tu vientre y giro hasta tu culo. Ni te das cuenta de que he hecho tres carreras en tus medias. Levanto tu falda y sigo desgarrando licra al morder el interior de tus muslos. Te estremeces al notar mi aliento, y tiro con fuerza de tus bragas. Son resistentes y muerdo. No se rompe, no ceden, me pides que siga, pero la tela no se rompe. Tiro con más fuerza, me gritas que te hago daño, que ya te lo quitas tú… Pero así no es lo mismo. Así no sirve. Y tengo que parar, y me marcho, y no nos vemos más porque tus bragas sólo se han dado de sí, y yo necesitaba escuchar su crujido.
Me pregunto si debería empezar a llevar navaja.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Mortadela Con Aceitunas

Entró en la charcutería, empujó a la señora Pili y pegó un tiro al techo con su escopeta.
–¡Quiero un bocata de mortadela con aceitunas!
Pepe, el carnicero, se preocupó un instante por la gotica de pis que se le había escapado y respondió titubeando que no les quedaba, que ya nadie lo compraba y habían dejado de traer.
–¡Yo me cago en La Puta de Bastos y en Whitney Houston! Saca la mortadela que se que te la guardas para ti y tus zagales.
–Que no, que eso es de los ochenta y ya no tenemos nada.
–Yo compraba mucho cuando venían mis niños a visitarme, pero se me ponía malo porque sólo querían café y pastas –Dijo la señora Pili incorporándose desde el suelo.
–¡Me importa tres! O sacas la mortadela o te lleno de plomo Pepe. Quiero ser moderno y gafapastas, y no entiendo las letras de Standstill, dame un bocata de mortadela con aceitunas o monto una masacre de la hostia.


Encañonó a la señora Pili mordiéndose el labio inferior por debajo de su bufanda.
–Mira hijo, estas en una fase complicada y no queremos que nadie salga herido. Si quieres tengo unos capítulos de Barrio Sésamo grabados en LP.
–Seguro que son de la mierda de Caponata, que no tenía ni gracia ni bailaba con Barricada. ¡Dame la mortadela! Tu hijo siempre llevaba unos bocatas de puta madre al colegio, y yo le miraba triste con mis Phoskitos, que traían cromo, pero siempre te quedabas con hambre.
–Mis hijos ahora sólo comen bollería del Mercadona –Apuntó la señora Pili–. Cuando les fui a ver en navidades a la capital parecía que no sabían comer. Todo ensaladas y salsa de Churri.
–La verdad es que lo compran todo en los supermercados, en esas bandejas que el primer filete está bueno y los demás son sólo nervios –Dijo Pepe–, y bueno, ya ni hablemos de las hamburguesas...
–¡Yo no como en burguers porque atentan contra el equilibrio natural de los seres vivos y desvirtúan el vinculo entre el hombre y la tierra!
–A mi me llevaron con mi sobrino y parecía que estaba todo hecho de plástico. Mi hijo el pequeño me pidió una cosa de pollo que no tenía ni huesos ni nada.
–Trocean al carne y la comprimen para hacer los filetes. No sabes lo que te comes –Añadió Pepe dándole coba a la señora Pili.
–Mira Pepe, o sacas la mortadela con aceitunas o te juro que me lio a tiros y mañana Dios dirá.
Giró la escopeta hacia el carnicero una vez más.
–Tú eres el chaval de la Emilia, ¿no? El de los pelos largos y las camisetas de calaveras.
–No, no soy ese, te equivocas –Respondió el asaltante subiéndose la bufanda a rayas que le tapaba la cara.
–Mira Pascual, lo del techo me lo vas a pagar, y a tu madre no le cuento nada porque bastante tiene con tenerte en casa a tu edad.
–Estoy escribiendo una novela y preparando una exposición de botes de conservas. La postmodernidad me ama.
–A ver hijo –intercedió la señora Pili–, que la postmodernidad no se alcanza a base de copiar lo que se hacía en el extranjero cuando Franco, que el arte debe aflorar transgrediendo las barreras del presente tomando, sólo si es preciso, referencias a otras épocas para tratar el tema de la nostalgia, siempre de manera no gratuita.
–La señora tiene razón, además, la postmodernidad ya está superada, ahora lo que se lleva es ser decimonónico.
–Pero yo quiero ser como Warhol y tomar drogas sin dejar de molar –Bajó abatido la escopeta.
–No todos han nacido para ser artistas de renombre. Piensa que Bukowski no triunfó hasta los cincuenta.
–Ya, bueno –el chico se rascó la cabeza–, y Van Gogh sólo vendió un cuadro en vida, ¿no?
–Pues eso –La señora Pili le cogió suavemente del brazo–. Anda, vete a casa y tómate un Colacao, que eso no desaparece.
–Sí... Oye, Pepe, ya me dices que te debo del techo, o vengo luego y lo arreglo, perdóname.
–Nada chaval, si con dinero por delante no se hacen enemigos.
Y Pascual salió de la charcutería abatido por el peso de su propio genio.
–De verdad, estos chavales de hoy en día...–dijo Pepe como el que no sabe como cagarse en los muertos de alguien.
La señor Pili sacó un pequeño revolver del bolso a cuadros.
–Ya, bueno, ¿me vas a dar mi mortadela con aceitunas o te tengo que abrir otro agujero en ese cuerpo de foca?
–Claro que sí Doña Pili, para los viejos compañeros de galería siempre queda un poco.

martes, 22 de noviembre de 2011

Señales de Humo

Algo se rompe en la línea del horizonte. Tan sólo una ráfaga de viento jugando con el humo de una chimenea lejana. Nadie dice nada. No hay música, no hay más banda sonora que el motor de un millón de máquinas, no hay más luz que millones de bombillas. Ninguna dice nada.
El humo se entrecorta mandando una señal errónea a quien quiera leerla. El cielo parece azul quemado. Todo se compadece de todo entre ruido.
Hay un pitido. Hay cientos que avisan, que dan la señal de alarma de que algo no funciona. La gigantesca maquinaria no ajusta bien sus vueltas. Lo que fallan son los humanos que no están hechos para esta vida. Los humanos no estamos hechos para vivir, sólo para alimentar a la máquina.
Nos tolera mientras nos muerde. Nos aplasta mientras sonríe sabiendo que la amamos como a un hijo. Es nuestra mayor obra. Es monstruosa, fea, gris, cruel y nos desprecia. Es nuestra mejor obra. Es el fruto de un amor por nuestra producción y por todo lo que nos hace infelices. Nuestro legado. Nuestro odio a nuestros hijos por saber bien en que podrían convertirse. Es como nosotros.
A lo largo de la línea se dibuja el humo y el ruido. La risa de un niño que ya ama a la máquina.


sábado, 19 de noviembre de 2011

De Gigantes y Hombres

Humphry está sentado con su parca puesta, atrapado en el blanco y negro. A su alrededor un puñado de gigantes riendo, bebiendo y jugando a las cartas.
–Esa jugada nunca funciona Esteban –grita uno de los gigantes.
–Si piensas así es que eres imbécil, voy a darte una paliza.
Humphry sabe que puede ganarles, pero está ocupado mirando al suelo.
–Humphry, ¿por qué no juegas una mano?–Pregunta una mujer robada a Crumb.
–Sí, eso, que juegue el pequeñín– Ríe Esteban.
–nomeapetece.estoybien.gracias.
–El enano tiene miedo, está más claro que el agua.
–síquelotengo.
–Vamos Humphry, sólo una mano –La mujer le mira con una sonrisa de amor eterno–. Una mano para que vean de lo que eres capaz y lo dejas.
Humphry no tiene más remedio que derretirse sobre la tarima y soñar con la verdad. Se acomoda en los labios de la mujer, al lado de unos dientes como caballos.
–repartelascartas.
Un gigante arroja los naipes desde las alturas, con ese sonido que hacen las cosas cuando van a aplastarte. Humphry ni se inmuta, parece preocupado por el estado de sus cordones.
Juegan la mano. Es un juego complicado y Humprhy lo complica todo más. Los gigantes no saben bien que está ocurriendo.
–El enano nos ha ganado, ¿Qué os parece?
–Ha tenido suerte. Probemos otra vez.
–Sí, pero ahora con apuestas.
–yonoapuesto.
–¿No eres lo bastante hombre?
–nolosoy.
–Venga Humphry, una pequea apuesta para ponerlo interesante.
–séquevoyaganar.apostaresridículo.
–Entonces nos apostaremos la Hombría.
–mihombríacontralavuestranovalemucho.
–Aún así, otra mano.


Humprhy sabe que le obligarán a jugar haga lo que haga y espera las cartas temeroso de ser aplastado.
–Me pones a cien– Le susurra la mujer atronando en sus oidos.
Humphry vuelve a ganar.
–Debe estar haciendo trampas.
–nolashago.
–Entonces supongo que has ganado nuestra hombría, ahora eres tan grande como la suma de nosotros.
–vuestrahombríanotienenadaqueverconlamia.noserémásgrandemientrasnoganeamisiguales.vosotrossoisgigantesyyounhombre.noquieroserungigantenuncamás,sóloungranombre.
Y la mujer se derrite por Humphry. Y Humphry sabe que no es bastante con derretirla hasta que no entienda que no tiene que ser gigante, sólo una la gran mujer que hay detrás de sus ojos asustada por los gritos, la bebida y el juego.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Falling Down


Ver caer las hojas desde arriba no es bucólico, sólo es triste. Es como verlas saltar al vacío dejando desnudas las ramas, trayendo el invierno. Es verse marchar el rojo, el naranja, el suave amarillo, y dejar sólo un gris agrietado. Las hojas se quedan muertas sobre la calle, todavía con ese brillo, esperando su muerte llena de podredumbre, con ese olor que alimenta la tierra y pone enfermo.

El árbol se desprende de ellas sin pena, sabiendo que vendrán nuevas. Se hace duro. Se hace el duro. Se duerme esperando una primavera nueva en la que haya olvidado el olor de todos sus recuerdos.


domingo, 13 de noviembre de 2011

Entre Lo Más Profundo No Hay Cielo

Me ahogo. Demasiado profundo, demasiado frío. El aire que no debe escapar y lucha por reventarme desde dentro. Demasiado pesado, si suelto el aire no podré subir nunca. Alrededor oscuridad azul, algo que me roza, pequeño, áspero y resbaladizo. Pienso en todas las formas de matar que tiene el mar y no soy capaz de recordar cómo he llegado aquí, cómo pude dejarme arrastrar tan profundo.
Las medusas siempre me han desagradado más que los tiburones. Los tiburones te matan, las medusas te pican y te olvidan. Dicen que los tiburones nunca dejan de nadar. Dicen que las medusas son inmortales. Me muero por saber la verdad.
Más abajo, más negro, estoy seguro de que hay viejos fantasmas esperándome, estáticos en el tiempo. Son un eco helado, recuerdos azules que repiten mi misma historia. Pensé que volaba, pero el mar no es el cielo, ni son del mismo color, y las alas mojadas no sirven, se necesitan agallas. Ya he olvidado el viento.
No puedo aguantar. Las burbujas escapan hacia la superficie llevándose mis últimas palabras en una sinfonía de esferas. Se pelean, se distorsionan y nadie sabrá que quise decir, nadie conocerá la historia de por qué muero feliz en este pozo.

domingo, 21 de agosto de 2011

Mi Colegio.

Cuando pienso en escribir algo sobre mi colegio recuerdo los castigos.
Cuando pienso en escribir algo sobre mi colegio recuerdo los castigos.
Cuando pienso en escribir algo sobre mi colegio recuerdo los castigos.
Cuando pienso en escribir algo sobre mi colegio recuerdo los castigos....

miércoles, 17 de agosto de 2011

La Máquina Está Rota


La máquina está rota, el muñeco se mueve mal, va muy rápido. Son los cinco duros peor invertidos de mi vida; Esa ha estado cerca. La máquina está rota, el mando funciona mal. El muñeco no responde, salta cuando no quiero. Son los cinco duros peor invertidos de mi vida; Dos bolas adelante y al puño. Especial. La máquina está rota, el muñeco no responde, se mueve raro, se ríe. Gira otra vez, salta cuando no quiero, esa estuvo cerca. Suena la campana, me da más dinero, todos aplauden. Este videojuego no quiere que participe. La máquina está rota, el muñeco se mueve mal.

jueves, 28 de julio de 2011

Una Burbuja en Dorado

Es como si me acompañara un naranja oscuro. Las sombras de oxidado marrón, las luces de un amarillo dulce, de miel. Fuera todo es azul, verde, confuso. El mundo exterior está lleno de religiones, de ideas a medio pensar; de dioses y gatos. Aquí, donde quiera que esté mi pensamiento, el tiempo fluye delicado y constante. Un cristal que enfoca los detalles plagados de vida y los absorbe, y los deja encontrarse en la laguna de mis ideas.
Todo es melancólico. Es la parada estática de una esfera en el espacio esperando que todo vaya más rápido, consciente de que ya hay poco ahí afuera que merezca ser salvado, que merezca ser visto. Que se merezca una buena canción.
Cuando el frío no te entra por los pulmones. Cuando el mar no huele. Apartado. Convirtiendo cada sensación en un recuerdo pasado, dorado, oxidado. Naranja.

miércoles, 29 de junio de 2011

Serie 29/06/2011

Siempre suelo quedarme con la última fotografía. Siempre suele ser la que más se parece a lo que veía. Siempre suele ser la que menos me pertenece.

Observar las fotografías viejas siempre es como ver pedazos rotos que arranqué del mundo y no supe modelar. Siempre están carentes de la vida que les supuse cuando las di por terminadas, como pequeñas quimeras que no pueden sobrevivir suficiente tiempo enfrentadas a la realidad. Tal vez no sé verlas con los ojos del tiempo, con los del extraño, tal vez siempre estuvieron muertas como las quimeras, y sólo brillaban en mi imaginación. Tal vez sólo he hecho una buena fotografía en mi vida y está escondida entre los carretes de mi infancia, cuando mi imaginación podía mucho más que cualquier realidad.

Soplo frente a la pantalla, como si eso pudiera limpiar la fotografía. Echo de menos la ampliadora y el olor a fijador en las manos. La pongo en blanco y negro y deshago el cambio. No hice la fotografía en blanco y negro, no está hecha para ser en blanco y negro. Juego con sus contrastes, busco líneas que equilibren la escena, borro partes. Recuerdo lo que vi, recuerdo la realidad y la realidad me recuerda que ella tiene tres dimensiones, que la fotografía es mi ojo, sólo uno de mis ojos, arrancándole un pedazo y arrancándome el otro ojo a mí. Desecho otro par de fotografías, me maldigo, me siento torpe y enfermo, condicionado por la luz. Me pregunto por qué disparé en manual si tomaba todas las fotos con una exposición constante y un enfoque similar. Una foto tiene gracia, como un chiste corto, es fácil de tocar y la aparto. Sigo buscando entre los cientos de fotografías del momento. Demasiado lento, mucho movimiento, mala velocidad, ojos cerrados, mueca extraña, sombra grotesca. ¿En qué pensaba al disparar? ¿Es que realmente quería matar al modelo? Echo de menos los carretes. Echo de menos no tener dinero para revelar en color, las horas en el laboratorio, las fotos secándose en la ventana.

Me decido por quince fotografías que juegan bien juntas. Una serie ordenada, coherente, mi reportaje. Es mío, y parece que vibra un poco, es mi trabajo, es mi escultura, y mientras le llueve tiempo encima, está viva.

martes, 7 de junio de 2011

Desert Song

He estado antes aquí, bajo el sol, pero no era el mismo lugar.
El sol en el horizonte sólo presagia frío, su salida, fatiga. Hay un océano de luz que hace arder mis pupilas y no me deja ver a donde voy, cegado por la claridad de este reloj roto. A mi espalda, el viento se lleva mis huellas para decorar mis momentos pasados. Persigo una duna que me lleve al mar, una montaña que repta el horizonte hasta morir como playa que sueña con acantilados. Su peso es tan lento que la adelanto. Y no conozco su camino. He estado antes aquí, bajo el sol, y si me quedo quieto, ni siquiera mi sombra me observa.

domingo, 17 de abril de 2011

¿Dónde están los coches voladores?


Marti McFly en el papel de Michael J. Fox no daba crédito de lo ocurrido. Doc había hecho algo tremendamente mal, ¿Dónde estaban los coches voladores? ¿Qué había ocurrido con la saga de tiburón? Debería haber una pantalla enorme con un escualo pixelado devorando a los viandantes, no pitufos super desarrollados que obligaban al público a llevar unas gafas horribles, aunque algunos las llevaban por gusto y se hacían poetas. Maldita sea, ¿A qué se dedicaba Lea Thompson ahora y por qué no le había dado tres niños? Cuatro de Tracy Pollan tampoco están mal, pero el público latino se descojona cada vez que lee su nombre. ¿Qué era eso de ser canadiense? Doc, ese maldito loco sin ética. Viajando por el tiempo con su preciosa mujercita del far west y sus niños lascivos. ¿Qué le importa a un viajero del tiempo la edad de su pareja? ¿Cuál sería ahora la moral de Doc? ¿Por qué el crio rubio hacía gestos? Lo que pasara en esa locomotora arrojaba una sombra sobre el hombre que acogió en su taller a un inadaptado de instituto. Pero claro, él tenía su vida perfecta, sin preocuparse de cuanto alteraba la de los demás. Estaba más allá de cualquier ley humana. Podía ser el ser más depravado sin que nadie lo supiera jamás, haciendo que nunca hubiese ocurrido, habiéndolo sido sólo para él. Doc, ¿Qué había hecho?
En un universo paralelo cercano (un poco tirando a oblicuo, pero puede ser por mi punto de vista), Michael J. Fox era su propio héroe sin aeropatín. Luchaba contra un enemigo mucho más grande que él y tenía el miedo de alguien inteligente y la entereza que da un Sueño, pero esa noche soñaba con ser estrella del rock y arreglar el tiempo con un viejo chalado y su encantadora familia.

viernes, 1 de abril de 2011

Será Que Ya Nada Me Emociona

El arco iris estaba al lado, apenas un poco calle abajo. Me preguntaba si en el lugar señalado había un duende gruñón guardando una olla de oro, o tal vez una fiesta rave con gente musculosa y camisetas de rejilla. Cuanto más llovía, cuanto menos podía ver de la ciudad, más brillaba, y llegué a pensar que realmente ocurría algo magnífico donde señalaba la ilusión óptica, pero sólo era eso, una ilusión, como cualquier otro juego de luces y sombras que se ven desde mi ventana, como los incendios de las fábricas, como la monótona aurora boreal.

martes, 29 de marzo de 2011

No Voy a Comerme el Mundo

El mundo se queda dormido junto a mi cama mientras le rasco detrás de las orejas. Aprecio la sonrisa en su rostro inexpresivo, sé que me quiere, que me necesita. Yo le quité de pasar frío, de pelearse con otros mundos junto a la basura del callejón, yo le limpié las legañas con manzanilla. Él ronronea junto a mi cama. Por las mañanas me despierta y me obliga a hacer cosas, a sacarle para echar una meadita. A veces se me caga en la ducha, pero solo si le dejo demasiado tiempo encerrado.

Él va creciendo. Al principio no necesitaba más que un cajón para remolonear y ahora aparece en medio del pasillo, tumbado, haciéndome tropezar cuando vuelvo borracho. Se echa en mi cama y en el sofá cuando no le veo. Lo deja todo lleno de montañas y ciudades. Rebusca bajo el fregadero y luego tengo que hurgarle en el subsuelo para sacarle las cosas que no puede digerir, pero que le encanta como saben. Le desparasito casi a diario de guerras y políticos, le limpio las manchas de sangre y petróleo, pero siempre vuelven a aparecer. El veterinario no sabe qué decirme, pero me pasa la factura de cada visita.

Se hace cada vez más grande, y he pensado llevarle al pueblo donde pueda dar saltos y disfrutar del aire limpio, pero no quiero estar lejos de él. Sé que con el tiempo crecerá más allá de los límites del barrio y acabará por devorarlo todo, pero joder, yo quería salvar el mundo y que todos me quisieran por mi hazaña, aunque no mereciese ser salvado, aunque termine comiéndome, como a otra galletita anónima de wishkas.

viernes, 25 de marzo de 2011

Sentado, Comiendo Pipas y Viendo a las Palomas Pelearse por las Cáscaras

Llego a casa sobre las dos y media y me quedo dormido en el sofá de mis padres, viendo las mismas series de siempre. Cuando despierto me arrastro hasta mi cama, esa donde duermo desde los cuatro años. Suelo quedarme en posición fetal hasta que la resaca me despierta a las doce o la una. A veces creo que llevo despierto horas, agarrando el sueño por la cola. Tardo quince minutos en afeitarme y en volver hasta el ordenador para seguir tocando fotos, buscando concursos, cumpliendo promesas, manteniendo todos y cada uno de mis avatares con granjas, ciudades, y reinos que gobernar. Les mando trenes a mis amigos y a gente que no conozco. Ellos me envían cabras y cachorros perdidos.
En hacer la comida se me va media hora más, y después de comer me entra la modorra y caigo inconsciente en el sofá. Me despierto al atardecer y con suerte dibujo algo o escribo un poco. Un poco más tarde vuelvo a salir para hablar de las mismas cosas, en los mismos bares, o para hablar de los bares que ya no están, de las cosas que hacíamos antes, de cuánto hemos cambiado, de que ya tenemos una edad. Y no puedo dejar de mirar el espejo que hay tras las botellas. Sólo me dejan mirarme a los ojos, y me reconozco cansado, sin chispa, sin nada de qué hablar hasta que llegue el momento en el que me haga mayor, cuando nos cierren el bar.

jueves, 13 de enero de 2011

Entre las Dos y las Tres

Entre las dos y las tres pasó demasiado tiempo. Mirando el reloj, a punto de quedarme dormido, hipnotizado por el tic tac inexistente de reloj digital. Se me cerraban los ojos, me imaginaba que había pasado demasiado, y entonces, los abría y la aguja estaba justo donde debía estar. Bueno, estaba donde estaba cuando se me cerraron, o como mucho un segundo más adelantada. Empecé a fantasear con la idea de que el mundo se detenía cada vez que yo era derrotado por el sueño. De ser así, aquel calvario no tenía razón de ser. Todo lo que tenía que hacer era descansar y cuando despertara el tiempo seguiría su curso.
Aquello, por supuesto, era una grandísima gilipollez, así que llegué a una nueva conclusión: Estaba imaginando el mundo. Sin duda en algún momento me había dormido y estaba soñando despertar una y otra vez. Aquello era horrible, significaría que había fracasado en mi misión, así que quise despertar. No funcionaba. Tal vez debía dormirme para engañar a mi cerebro y poder despertar realmente, o quizá estaba atrapado por un sueño pesado a causa de la actividad de los últimos días. Por supuesto, cabía la posibilidad de que estuviera plenamente despierto, pero esa respuesta no me satisfacía en nada.
Cuando el hombre de la chaqueta azul me pidió la hora, estuve tentado a preguntarle si podía pellizcarme, pero si estaba en el mundo real hubiese sido raro, y si estaba soñando, ¿cómo saber que no imaginaba el pellizco?

Serían las tres menos cuarto cuando apareciste. Llevabas el pelo suelto y me sonreías, me levanté para darte un beso, y recordé que ya no eras rubia. Tu pelo cambió a su actual tono rojizo, y convencido de haber descubierto la ilusión, desperté mientras me zarandeabas en el banco. Me limpié la babilla y te saludé. Recuerdo explicártelo y que me miraras como si fuera imbécil. El hombre de la chaqueta gris se reía entre dientes, hasta que la chaqueta cambió a un tono azulado, y tu pelo fue otra vez moreno. Aproveché para tocarte el culo antes de ser disparado a la realidad de nuevo.

Serían las tres menos cuarto y aún no habías llegado. El hombre de la chaqueta paseaba un perro blanco de tamaño felpudo, con una correa roja, roja como tu pelo al doblar la esquina, no rubio como el color del perro. Corrí a besarte antes de que me aplastara la consciencia.
Apareciste pelirroja, con una chaqueta azul mientras un perro canela tamaño castillo me preguntaba la hora. Solo pude responderle “Guau” antes de ser ahogado por sus babas.
Me recuperé babeándole la chaqueta azul al tipo de al lado. Me miró sonriendo, me guiño un ojo y me percaté de que el suelo había sido remplazado por el pelaje de un enorme animal. Tú me tapaste los ojos mientras iniciaba un nuevo viaje.
Paseábamos doblando la esquina cuando me vi dormido, saludaste al hombre de la chaqueta e intenté cepillarme a su perro pelirrojo. Me estrangulaste con la correa roja mientras tu pelo se volvía negro.

Me desperté en mi cama, solo, lleno de frío y completamente descansado, completamente desvelado; sin perro, sin chaquetas, y sin ti.