miércoles, 29 de junio de 2011

Serie 29/06/2011

Siempre suelo quedarme con la última fotografía. Siempre suele ser la que más se parece a lo que veía. Siempre suele ser la que menos me pertenece.

Observar las fotografías viejas siempre es como ver pedazos rotos que arranqué del mundo y no supe modelar. Siempre están carentes de la vida que les supuse cuando las di por terminadas, como pequeñas quimeras que no pueden sobrevivir suficiente tiempo enfrentadas a la realidad. Tal vez no sé verlas con los ojos del tiempo, con los del extraño, tal vez siempre estuvieron muertas como las quimeras, y sólo brillaban en mi imaginación. Tal vez sólo he hecho una buena fotografía en mi vida y está escondida entre los carretes de mi infancia, cuando mi imaginación podía mucho más que cualquier realidad.

Soplo frente a la pantalla, como si eso pudiera limpiar la fotografía. Echo de menos la ampliadora y el olor a fijador en las manos. La pongo en blanco y negro y deshago el cambio. No hice la fotografía en blanco y negro, no está hecha para ser en blanco y negro. Juego con sus contrastes, busco líneas que equilibren la escena, borro partes. Recuerdo lo que vi, recuerdo la realidad y la realidad me recuerda que ella tiene tres dimensiones, que la fotografía es mi ojo, sólo uno de mis ojos, arrancándole un pedazo y arrancándome el otro ojo a mí. Desecho otro par de fotografías, me maldigo, me siento torpe y enfermo, condicionado por la luz. Me pregunto por qué disparé en manual si tomaba todas las fotos con una exposición constante y un enfoque similar. Una foto tiene gracia, como un chiste corto, es fácil de tocar y la aparto. Sigo buscando entre los cientos de fotografías del momento. Demasiado lento, mucho movimiento, mala velocidad, ojos cerrados, mueca extraña, sombra grotesca. ¿En qué pensaba al disparar? ¿Es que realmente quería matar al modelo? Echo de menos los carretes. Echo de menos no tener dinero para revelar en color, las horas en el laboratorio, las fotos secándose en la ventana.

Me decido por quince fotografías que juegan bien juntas. Una serie ordenada, coherente, mi reportaje. Es mío, y parece que vibra un poco, es mi trabajo, es mi escultura, y mientras le llueve tiempo encima, está viva.

martes, 7 de junio de 2011

Desert Song

He estado antes aquí, bajo el sol, pero no era el mismo lugar.
El sol en el horizonte sólo presagia frío, su salida, fatiga. Hay un océano de luz que hace arder mis pupilas y no me deja ver a donde voy, cegado por la claridad de este reloj roto. A mi espalda, el viento se lleva mis huellas para decorar mis momentos pasados. Persigo una duna que me lleve al mar, una montaña que repta el horizonte hasta morir como playa que sueña con acantilados. Su peso es tan lento que la adelanto. Y no conozco su camino. He estado antes aquí, bajo el sol, y si me quedo quieto, ni siquiera mi sombra me observa.