sábado, 19 de noviembre de 2011

De Gigantes y Hombres

Humphry está sentado con su parca puesta, atrapado en el blanco y negro. A su alrededor un puñado de gigantes riendo, bebiendo y jugando a las cartas.
–Esa jugada nunca funciona Esteban –grita uno de los gigantes.
–Si piensas así es que eres imbécil, voy a darte una paliza.
Humphry sabe que puede ganarles, pero está ocupado mirando al suelo.
–Humphry, ¿por qué no juegas una mano?–Pregunta una mujer robada a Crumb.
–Sí, eso, que juegue el pequeñín– Ríe Esteban.
–nomeapetece.estoybien.gracias.
–El enano tiene miedo, está más claro que el agua.
–síquelotengo.
–Vamos Humphry, sólo una mano –La mujer le mira con una sonrisa de amor eterno–. Una mano para que vean de lo que eres capaz y lo dejas.
Humphry no tiene más remedio que derretirse sobre la tarima y soñar con la verdad. Se acomoda en los labios de la mujer, al lado de unos dientes como caballos.
–repartelascartas.
Un gigante arroja los naipes desde las alturas, con ese sonido que hacen las cosas cuando van a aplastarte. Humphry ni se inmuta, parece preocupado por el estado de sus cordones.
Juegan la mano. Es un juego complicado y Humprhy lo complica todo más. Los gigantes no saben bien que está ocurriendo.
–El enano nos ha ganado, ¿Qué os parece?
–Ha tenido suerte. Probemos otra vez.
–Sí, pero ahora con apuestas.
–yonoapuesto.
–¿No eres lo bastante hombre?
–nolosoy.
–Venga Humphry, una pequea apuesta para ponerlo interesante.
–séquevoyaganar.apostaresridículo.
–Entonces nos apostaremos la Hombría.
–mihombríacontralavuestranovalemucho.
–Aún así, otra mano.


Humprhy sabe que le obligarán a jugar haga lo que haga y espera las cartas temeroso de ser aplastado.
–Me pones a cien– Le susurra la mujer atronando en sus oidos.
Humphry vuelve a ganar.
–Debe estar haciendo trampas.
–nolashago.
–Entonces supongo que has ganado nuestra hombría, ahora eres tan grande como la suma de nosotros.
–vuestrahombríanotienenadaqueverconlamia.noserémásgrandemientrasnoganeamisiguales.vosotrossoisgigantesyyounhombre.noquieroserungigantenuncamás,sóloungranombre.
Y la mujer se derrite por Humphry. Y Humphry sabe que no es bastante con derretirla hasta que no entienda que no tiene que ser gigante, sólo una la gran mujer que hay detrás de sus ojos asustada por los gritos, la bebida y el juego.

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