domingo, 13 de noviembre de 2011

Entre Lo Más Profundo No Hay Cielo

Me ahogo. Demasiado profundo, demasiado frío. El aire que no debe escapar y lucha por reventarme desde dentro. Demasiado pesado, si suelto el aire no podré subir nunca. Alrededor oscuridad azul, algo que me roza, pequeño, áspero y resbaladizo. Pienso en todas las formas de matar que tiene el mar y no soy capaz de recordar cómo he llegado aquí, cómo pude dejarme arrastrar tan profundo.
Las medusas siempre me han desagradado más que los tiburones. Los tiburones te matan, las medusas te pican y te olvidan. Dicen que los tiburones nunca dejan de nadar. Dicen que las medusas son inmortales. Me muero por saber la verdad.
Más abajo, más negro, estoy seguro de que hay viejos fantasmas esperándome, estáticos en el tiempo. Son un eco helado, recuerdos azules que repiten mi misma historia. Pensé que volaba, pero el mar no es el cielo, ni son del mismo color, y las alas mojadas no sirven, se necesitan agallas. Ya he olvidado el viento.
No puedo aguantar. Las burbujas escapan hacia la superficie llevándose mis últimas palabras en una sinfonía de esferas. Se pelean, se distorsionan y nadie sabrá que quise decir, nadie conocerá la historia de por qué muero feliz en este pozo.

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