martes, 22 de noviembre de 2011

Señales de Humo

Algo se rompe en la línea del horizonte. Tan sólo una ráfaga de viento jugando con el humo de una chimenea lejana. Nadie dice nada. No hay música, no hay más banda sonora que el motor de un millón de máquinas, no hay más luz que millones de bombillas. Ninguna dice nada.
El humo se entrecorta mandando una señal errónea a quien quiera leerla. El cielo parece azul quemado. Todo se compadece de todo entre ruido.
Hay un pitido. Hay cientos que avisan, que dan la señal de alarma de que algo no funciona. La gigantesca maquinaria no ajusta bien sus vueltas. Lo que fallan son los humanos que no están hechos para esta vida. Los humanos no estamos hechos para vivir, sólo para alimentar a la máquina.
Nos tolera mientras nos muerde. Nos aplasta mientras sonríe sabiendo que la amamos como a un hijo. Es nuestra mayor obra. Es monstruosa, fea, gris, cruel y nos desprecia. Es nuestra mejor obra. Es el fruto de un amor por nuestra producción y por todo lo que nos hace infelices. Nuestro legado. Nuestro odio a nuestros hijos por saber bien en que podrían convertirse. Es como nosotros.
A lo largo de la línea se dibuja el humo y el ruido. La risa de un niño que ya ama a la máquina.


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