martes, 27 de diciembre de 2011

Prefiero Vivir En Un Ático

No puedo dormir en este cuarto. Realmente no puedo dormir en ningún lugar de toda esta casa. Hay ocho plantas más sobre mí, y eso me pone de los nervios. No es que crea que el edificio se va a venir abajo, el problema son las personas, como siempre. Si el resto del edificio estuviera vacío no tendría problema. No. Son todas esas vidas sobre mí. No sus vidas, sino sus muertes, todo lo que les está ocurriendo. No aguanto la idea de que todos estén cagándose, meándose, corriéndose y muriendo sobre mí. En alguna de las ocho plantas superiores alguien está follando, puede que haya un niño vomitando. Si no lo hay, lo habrá. Los niños vomitan en las fiestas. Seguramente hay un perro echando una meada en algún rincón desatendido. Y todos se están muriendo, y yo estoy despierto mirando al techo mientras se mueren, deseando que se mueran en otra parte.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Los Reyes Son los Padres

Mientras Jesús se come los cereales en la pequeña cocina del piso suena el timbre de la entrada. Los cereales son la comida favorita de Jesús. Hay lunas rosas, equis amarillas y estrellas moradas. Todas saben igual, pero él se molesta en intentar coger siempre el mismo número en cada cucharada para que el sabor esté equilibrado.

María aparece poco después con tres hombres trajeados.
–Hijo, tenemos que hablar.
–¿Quiénes son? –Pregunta inocente el niño dios.
–Verás hijo, hay algo que los padres les cuentan a sus hijos que no es del todo verdad. Los reyes magos, son los padres.
–Pero yo soy el hijo de Dios, todo el mundo lo dijo después de que expulsara a los ejecutivos del corte inglés de la parroquia. Soy el Rey de Reyes.
–Sí, sobre eso... Bueno, supongo que eres joven para entender lo que es una demanda por agresiones.
–Hola muchacho–dice uno de los hombres trajeados quitándose las gafas de sol. Tiene la barba pelirroja propia de un pedófilo.
–Hijo, estos son tus padres, los reyes magos de oriente.
–Mamá, eso es imposible. Mírales. No quiero ser racista, pero dos de ellos son blancos y el otro negro, ¡y yo soy chino!
–Bueno, puede que se haya entendido mal el título de "Magos de Oriente" –Dice el hombre negro mientras apunta algo en su teléfono de última generación.
–A veces los adultos hacemos cosas de las que no estamos del todo orgullosos. Algunas mañanas te levantas rodeada de tres importantes hombres de negocios y no recuerdas exactamente que ocurrió. Y luego aparecen en el hospital y te traen regalos, pero tu ex-marido ha sido tan bueno estos nueve meses contigo que no sabes muy bien qué hacer.

La cara de Jesús se retuerce en una mueca grotesca mientras su cerebro intenta encajar las piezas. Casi se pueden oír las ruedecitas tratando de girar después de haber metido un ladrillo entre los engranajes.
Los cereales oscilan sobre la leche mientras la cucharilla se sumerge, casi a cámara lenta.



–¿Me estás diciendo que soy un bastardo?
–Técnicamente sí, pero ha habido grandes bastardos a lo largo de la historia. Muchos reyes eran bastardos –Interrumpe el que parece más mayor, el de la barba blanca– Deberías estar orgulloso de que te llamen bastardo.
–Mamá, quiero que me expliques ahora mismo porqué llevo ocho años diciéndole a mis amigos que mi padre es una paloma.
–Yo era joven, tus abuelos no querían saber nada de mi después del asunto de la mirra, y no supe que decir. Fue un pacto entre José y yo, nos pareció lo mejor dadas tus habilidades.
–Entonces, en lugar del hijo de Dios, ¿no soy más que un Harry Potter de segunda?
–Según consta en nuestra base de datos, Harry Potter ya no gusta lo suficiente –Asegura Baltasar–, es mejor que te compares con otro icono más moderno, hijo.
–Chaval, deberías estar feliz, ¿quieres que demos un paseo por el rio y hablemos de hombre a hombre?
–Mamá, creo que he visto la foto de este hombre en un cartel del colegio.
–Oh, no, me confunden mucho –Dice Gaspar–. Es por la barba, pero no te preocupes, ya te crecerá. Viene de familia.
–No. Estoy seguro de que el niño es mío y no tendrá barba –Baltasar deja de mirar durante un momento su teléfono. Nadie tiene claro cuando se ha quitado las gafas de sol, pero ahora tiene sus ojos enormes posados sobre Jesús–. Yo fui el que más caña le dio aquella noche a la fulana. Estuve cerca de una hora sobre ella mientras Melchor...

Jesús interrumpe gritando y tapándose las orejas mientras Baltasar hace gestos explícitos sobre la logística sexual de los tres hombres y su madre. Observa con cara de miedo a los cuatro adultos y se destapa lentamente las orejas.

–A mi me la chupó antes de irse por la mañana, pero me hice el dormido –Finaliza Melchor.
–Mira, tu madre sólo quería que nos conocieras, esto tampoco cambia nada –Gastar le coge del hombro mirándole como Robin Williams en una película navideña–. Tal vez algún día quieras llamarnos y contarnos cosas de chicos, o dar un paseo por el parque...
–O podríamos escribirte una carta de recomendación –Dice Melchor– podrás ir al colegio que quieras.
–Bueno, es tarde, nos vamos. María, todavía tienes un buen culo, si quieres un extra ya sabes nuestro número. Mandaremos un coche. Chico, feliz navidad.
–Me llamo Jesús, y soy el Rey de Reyes, y voy a salvar al mundo de sus pecados, y todos me querrán y se maravillaran de mi amor.
–Suerte con eso. Nosotros ya nos quedamos maravillados del de tu madre.
Y se marchan. Se van y los cereales son ya sólo una pasta densa donde no se distinguen ni estrellas, lunas, ni equis de trigo. Y Jesús sólo piensa en marcharse de casa, juntar unos colegas y pasar de todo hasta marzo o abril.


martes, 20 de diciembre de 2011

Tiras de Ropa

Publicado en http://parafiliasilustradas.blogspot.com/
Ya en el ascensor tiro de tu chaqueta saltando los botones. Sonríes divertida y apenas aciertas a abrir la puerta mientras te muerdo el cuello, recorro tu vientre y giro hasta tu culo. Ni te das cuenta de que he hecho tres carreras en tus medias. Levanto tu falda y sigo desgarrando licra al morder el interior de tus muslos. Te estremeces al notar mi aliento, y tiro con fuerza de tus bragas. Son resistentes y muerdo. No se rompe, no ceden, me pides que siga, pero la tela no se rompe. Tiro con más fuerza, me gritas que te hago daño, que ya te lo quitas tú… Pero así no es lo mismo. Así no sirve. Y tengo que parar, y me marcho, y no nos vemos más porque tus bragas sólo se han dado de sí, y yo necesitaba escuchar su crujido.
Me pregunto si debería empezar a llevar navaja.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Mortadela Con Aceitunas

Entró en la charcutería, empujó a la señora Pili y pegó un tiro al techo con su escopeta.
–¡Quiero un bocata de mortadela con aceitunas!
Pepe, el carnicero, se preocupó un instante por la gotica de pis que se le había escapado y respondió titubeando que no les quedaba, que ya nadie lo compraba y habían dejado de traer.
–¡Yo me cago en La Puta de Bastos y en Whitney Houston! Saca la mortadela que se que te la guardas para ti y tus zagales.
–Que no, que eso es de los ochenta y ya no tenemos nada.
–Yo compraba mucho cuando venían mis niños a visitarme, pero se me ponía malo porque sólo querían café y pastas –Dijo la señora Pili incorporándose desde el suelo.
–¡Me importa tres! O sacas la mortadela o te lleno de plomo Pepe. Quiero ser moderno y gafapastas, y no entiendo las letras de Standstill, dame un bocata de mortadela con aceitunas o monto una masacre de la hostia.


Encañonó a la señora Pili mordiéndose el labio inferior por debajo de su bufanda.
–Mira hijo, estas en una fase complicada y no queremos que nadie salga herido. Si quieres tengo unos capítulos de Barrio Sésamo grabados en LP.
–Seguro que son de la mierda de Caponata, que no tenía ni gracia ni bailaba con Barricada. ¡Dame la mortadela! Tu hijo siempre llevaba unos bocatas de puta madre al colegio, y yo le miraba triste con mis Phoskitos, que traían cromo, pero siempre te quedabas con hambre.
–Mis hijos ahora sólo comen bollería del Mercadona –Apuntó la señora Pili–. Cuando les fui a ver en navidades a la capital parecía que no sabían comer. Todo ensaladas y salsa de Churri.
–La verdad es que lo compran todo en los supermercados, en esas bandejas que el primer filete está bueno y los demás son sólo nervios –Dijo Pepe–, y bueno, ya ni hablemos de las hamburguesas...
–¡Yo no como en burguers porque atentan contra el equilibrio natural de los seres vivos y desvirtúan el vinculo entre el hombre y la tierra!
–A mi me llevaron con mi sobrino y parecía que estaba todo hecho de plástico. Mi hijo el pequeño me pidió una cosa de pollo que no tenía ni huesos ni nada.
–Trocean al carne y la comprimen para hacer los filetes. No sabes lo que te comes –Añadió Pepe dándole coba a la señora Pili.
–Mira Pepe, o sacas la mortadela con aceitunas o te juro que me lio a tiros y mañana Dios dirá.
Giró la escopeta hacia el carnicero una vez más.
–Tú eres el chaval de la Emilia, ¿no? El de los pelos largos y las camisetas de calaveras.
–No, no soy ese, te equivocas –Respondió el asaltante subiéndose la bufanda a rayas que le tapaba la cara.
–Mira Pascual, lo del techo me lo vas a pagar, y a tu madre no le cuento nada porque bastante tiene con tenerte en casa a tu edad.
–Estoy escribiendo una novela y preparando una exposición de botes de conservas. La postmodernidad me ama.
–A ver hijo –intercedió la señora Pili–, que la postmodernidad no se alcanza a base de copiar lo que se hacía en el extranjero cuando Franco, que el arte debe aflorar transgrediendo las barreras del presente tomando, sólo si es preciso, referencias a otras épocas para tratar el tema de la nostalgia, siempre de manera no gratuita.
–La señora tiene razón, además, la postmodernidad ya está superada, ahora lo que se lleva es ser decimonónico.
–Pero yo quiero ser como Warhol y tomar drogas sin dejar de molar –Bajó abatido la escopeta.
–No todos han nacido para ser artistas de renombre. Piensa que Bukowski no triunfó hasta los cincuenta.
–Ya, bueno –el chico se rascó la cabeza–, y Van Gogh sólo vendió un cuadro en vida, ¿no?
–Pues eso –La señora Pili le cogió suavemente del brazo–. Anda, vete a casa y tómate un Colacao, que eso no desaparece.
–Sí... Oye, Pepe, ya me dices que te debo del techo, o vengo luego y lo arreglo, perdóname.
–Nada chaval, si con dinero por delante no se hacen enemigos.
Y Pascual salió de la charcutería abatido por el peso de su propio genio.
–De verdad, estos chavales de hoy en día...–dijo Pepe como el que no sabe como cagarse en los muertos de alguien.
La señor Pili sacó un pequeño revolver del bolso a cuadros.
–Ya, bueno, ¿me vas a dar mi mortadela con aceitunas o te tengo que abrir otro agujero en ese cuerpo de foca?
–Claro que sí Doña Pili, para los viejos compañeros de galería siempre queda un poco.