sábado, 10 de diciembre de 2011

Mortadela Con Aceitunas

Entró en la charcutería, empujó a la señora Pili y pegó un tiro al techo con su escopeta.
–¡Quiero un bocata de mortadela con aceitunas!
Pepe, el carnicero, se preocupó un instante por la gotica de pis que se le había escapado y respondió titubeando que no les quedaba, que ya nadie lo compraba y habían dejado de traer.
–¡Yo me cago en La Puta de Bastos y en Whitney Houston! Saca la mortadela que se que te la guardas para ti y tus zagales.
–Que no, que eso es de los ochenta y ya no tenemos nada.
–Yo compraba mucho cuando venían mis niños a visitarme, pero se me ponía malo porque sólo querían café y pastas –Dijo la señora Pili incorporándose desde el suelo.
–¡Me importa tres! O sacas la mortadela o te lleno de plomo Pepe. Quiero ser moderno y gafapastas, y no entiendo las letras de Standstill, dame un bocata de mortadela con aceitunas o monto una masacre de la hostia.


Encañonó a la señora Pili mordiéndose el labio inferior por debajo de su bufanda.
–Mira hijo, estas en una fase complicada y no queremos que nadie salga herido. Si quieres tengo unos capítulos de Barrio Sésamo grabados en LP.
–Seguro que son de la mierda de Caponata, que no tenía ni gracia ni bailaba con Barricada. ¡Dame la mortadela! Tu hijo siempre llevaba unos bocatas de puta madre al colegio, y yo le miraba triste con mis Phoskitos, que traían cromo, pero siempre te quedabas con hambre.
–Mis hijos ahora sólo comen bollería del Mercadona –Apuntó la señora Pili–. Cuando les fui a ver en navidades a la capital parecía que no sabían comer. Todo ensaladas y salsa de Churri.
–La verdad es que lo compran todo en los supermercados, en esas bandejas que el primer filete está bueno y los demás son sólo nervios –Dijo Pepe–, y bueno, ya ni hablemos de las hamburguesas...
–¡Yo no como en burguers porque atentan contra el equilibrio natural de los seres vivos y desvirtúan el vinculo entre el hombre y la tierra!
–A mi me llevaron con mi sobrino y parecía que estaba todo hecho de plástico. Mi hijo el pequeño me pidió una cosa de pollo que no tenía ni huesos ni nada.
–Trocean al carne y la comprimen para hacer los filetes. No sabes lo que te comes –Añadió Pepe dándole coba a la señora Pili.
–Mira Pepe, o sacas la mortadela con aceitunas o te juro que me lio a tiros y mañana Dios dirá.
Giró la escopeta hacia el carnicero una vez más.
–Tú eres el chaval de la Emilia, ¿no? El de los pelos largos y las camisetas de calaveras.
–No, no soy ese, te equivocas –Respondió el asaltante subiéndose la bufanda a rayas que le tapaba la cara.
–Mira Pascual, lo del techo me lo vas a pagar, y a tu madre no le cuento nada porque bastante tiene con tenerte en casa a tu edad.
–Estoy escribiendo una novela y preparando una exposición de botes de conservas. La postmodernidad me ama.
–A ver hijo –intercedió la señora Pili–, que la postmodernidad no se alcanza a base de copiar lo que se hacía en el extranjero cuando Franco, que el arte debe aflorar transgrediendo las barreras del presente tomando, sólo si es preciso, referencias a otras épocas para tratar el tema de la nostalgia, siempre de manera no gratuita.
–La señora tiene razón, además, la postmodernidad ya está superada, ahora lo que se lleva es ser decimonónico.
–Pero yo quiero ser como Warhol y tomar drogas sin dejar de molar –Bajó abatido la escopeta.
–No todos han nacido para ser artistas de renombre. Piensa que Bukowski no triunfó hasta los cincuenta.
–Ya, bueno –el chico se rascó la cabeza–, y Van Gogh sólo vendió un cuadro en vida, ¿no?
–Pues eso –La señora Pili le cogió suavemente del brazo–. Anda, vete a casa y tómate un Colacao, que eso no desaparece.
–Sí... Oye, Pepe, ya me dices que te debo del techo, o vengo luego y lo arreglo, perdóname.
–Nada chaval, si con dinero por delante no se hacen enemigos.
Y Pascual salió de la charcutería abatido por el peso de su propio genio.
–De verdad, estos chavales de hoy en día...–dijo Pepe como el que no sabe como cagarse en los muertos de alguien.
La señor Pili sacó un pequeño revolver del bolso a cuadros.
–Ya, bueno, ¿me vas a dar mi mortadela con aceitunas o te tengo que abrir otro agujero en ese cuerpo de foca?
–Claro que sí Doña Pili, para los viejos compañeros de galería siempre queda un poco.

4 comentarios:

  1. qué buena reflexión, olé por la Pili, mujer informada y con sentido común

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  2. Felicidades neng. El arte moderno es lo tuyo.

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  3. Muchas gracia sa los tres, me alegra que os haya gustado. Esta visto que tengo que dedicarme a los relatos cómicos y dejarme de lloriqueos :)

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