lunes, 1 de octubre de 2012

Sus Palabras



No lo decía, pero tenía la lengua llena de chinchetas. La gente se acercaba y le cogía del hombro, pero no arrancaban ni una palabra de su boca. Sabía que todo cuanto dijera estaba lleno de impertinencias, de subidas de tono, de humor negro o de comentarios inadecuados. No sabía mentir, así que se callaba, pero todos querían saber cuál era su próxima idea suicida.
Tenía la boca llena de heridas por morderse, y sangraban, y le llenaban la boca, y tragaba y tragaba, y no quería contárselo nadie. Sabía que su sangre quemaba, porque le quemaba por dentro al tragarla. Si hablaba, sabía que todo iba a arder. De la piel hacia abajo, del hueso al rencor. Las palabras se convertían en hierro oxidado entre los dientes, esperando su voz como catapulta, y se fueron quedando como metralla inerte.
Por eso no pudo concebir, no pudo comprender por qué el día que habló conmigo no pude entender, por qué no me hizo mella todo lo que me dijo. Tuvo la boca llena de agua estancada, de ideas muertas, y sólo pude percibir el peso de su lengua derrotada.


domingo, 19 de agosto de 2012

Mi Nombre


¿Acaso fue importante mi nombre? Sí, lo repetiste al menos diez veces. Siempre sonaba a otro. Siempre sonaba a "no te conozco". Siempre fue poco.
Retumbaba contra los cabeceros de una cama que me daban ganas de desmontar. Contra el crujir de muelles gastados de tantas y tantas historias sin futuro. De tantas risas gastadas sin futuro. De tantos muelles dados de si, de tantos chirridos.
¿Acaso te importó alguna vez mi nombre? ¿Acaso importan los nombres? ¿Acaso importan los hombres? ¿Acaso, acaso son parte de la existencia del lodo?
Miraste hacia arriba y respondiste "Sí". Y supe que era mentira, que cabalgaba sobre un caballo de agua sobre un mar de aceite, que estaba condenado a un mar de aceite sin respuesta.
Dime quién soy. Dímelo y te daré una galleta. Dime quién es la persona que resuena y la que ofrece. Dame una buena razón para no quemar cada recuerdo.
Dime quién era y quién soy.
Dime algo.
Dime donde empieza Broadway y donde acaba Badajoz.
Dime que en algún momento mereció la pena. Si no lo hizo, ya hace tiempo que estamos muertos.


jueves, 26 de julio de 2012

Siempre Quise Tener Cosas Bonitas


Siempre quise tener cosas bonitas, pero las cosas bonitas suelen ser delicadas. Siempre se rompen. Un Joder gratuito rebaja el amanecer a la categoría de Madrugón, la plata abandonada se llena de roña, un adiós puede joder un hasta luego, y así con cada cosa bonita que encuentre.


Nunca he podido tener cosas bonitas. Soy descuidado y tiendo a pensar que las cosas se amoldan a mí como yo a ellas, que formamos parte del mismo universo al llevar un tiempo juntos. Me creo que las leyes de la física se reeducan y hacen que dejen de ser frágiles. Nunca ocurre así, porque nunca he podido tener cosas bonitas. Porque el universo es siempre igual, está lleno de cosas bonitas, y yo estoy aquí para que se rompan.

jueves, 19 de julio de 2012

En Coma




Acumulo la ropa sobre la cama y no la muevo cuando duermo. Mi cama se ha convertido en un balaguero de trapos, y en algún lugar la almohada. Quiero levantarme abrazado a tu piel y duermo más horas de las necesarias. Disfruto de mi imaginación, de un tiempo que no existe, de un cuerpo que no está aquí, de un olor que quiero que me impregne las manos.
Al despertar el calor me presiona en cada poro, me tapona y me dice que me aparte de lo que abrazo. Y tú me besas y me das los buenos días. Y sé que ha ocurrido, que he traspasado la frontera del coma, que a partir de ahora nada será más real, porque he perdido la cuenta.
Duermo, despierto, duermo, duermo, despierto, duermo, d, d ,d...
Ya no despierto si no sé qué duermo, y el sueño le roba realidad al mundo. Y sueño dentro de un sueño como los malos poetas, y no sé donde empiezo ni donde está el más alto grado de conciencia.
Sólo sé que vivo, en algún momento, avanzo. En algún momento siento, y todo ello se retuerce tras cada barrera hasta que los nombres no importan más que la numeración del diccionario. En la misma página encuentro recuerdo, realidad y rechazo. Rocanroll de una canción que me sé a medias, que realmente rechazo recordar.
Duermo abrazado a un rebujo de trapos, y despiertas, y me besas.

jueves, 12 de julio de 2012

Fuego a Todo Ya



Lo tenemos pegado a la piel. Es alquitrán ardiendo, nos tapona la nariz y nos impide respirar hondo, coger carrerilla y echar a volar. Aquí nadie vuela, sólo ellos y sus hijos en aviones. Aviones que construimos con nuestras manos, que cuidamos con nuestro sudor y alimentamos con nuestra sangre. Sólo hay dos bandos, los dos pintados de gris: Una mano gorda, de humo y necesidad, de parásitos ávidos de más y más, de corbatas y chalet, de risas al mirar la cola del paro; y una casta gris que espera que llegue algo, que duerme bajo esa mano y castiga a los que gritan. Una casta con miedo a que la mano caiga.
Debería haber otro bando, uno que no tenga miedo a la mano, pero necesitamos trabajar para ganar lo justo para pagar el pan, para llegar al alquiler, para soñar con cuidar de nuestra familia. Y tal vez, tal vez, tal vez podríamos quemarlo todo para que nuestros hijos lo hagan mejor que nuestros padres, pero para eso necesitamos morirnos de hambre.

sábado, 7 de julio de 2012

Sucedáneo


No eres más que un paño caliente sobre un herida. Tal vez muy caliente, tal vez muy paño, pero un paño.
Y te contorneas y me cuentas que sí, que sí, que mil veces es el momento.
Para mí no lo es.
Yo espero a que salte la chispa como un idiota. Y me dices que sí, que genial, que ya me escribes por whast's up. Y lo haces. Y vuelves con otra cara una y ocho y seis y cuarenta veces. Tal vez cuarenta no, pero demasiadas, y yo sólo quiero escuchar rocanroll cuando ocurra. Y ocurre y llevas otra careta, y no es suficiente porque no te sigo el juego con juego de tronos ni con walking dead, ni con cinco hermanos ni con yoquesé. Pero repites, y me dices que muy rico el café, y que genial el detalle de la ensalada y que genial cocinar, o el chupito de última hora, o el quizás, o el llámame para almorzar. A mí me duele mentir en quizás. Y sólo quiero vivir. Dejarme de historias, sentirme vivo más que marioneta. Sentirme hombre más que desahogo, sentirme destello más que farola.
Porque los dos somos un sucedáneo de lo que ocurre realmente en el mundo. Porque eres un sucedáneo de mi mundo. Porque mi mundo es un sucedáneo de un mundo que creé hace demasiado pensando en cómo debería ser el mundo. Porque creí en un sucedáneo.



Y despertamos, y me llamas y acudo al móvil. Y te digo que no es el momento, porque sé que nunca leerás esto, porque en el fondo te importa una mierda lo que hago. Que me importa una mierda realmente que lo sepas, y que mejor que esta ciudad fuese más grande.
Y que mejor que yo no existiera al fin y al cabo.
Y que mejor este vacío al contacto.
Porque mejor lejos nuestras caras que cerca, porque ¿qué importa si recuerdas mi nombre si te echo de casa? Porque sabes que sólo importo yo, sólo yo, y lo sabías desde el "hola".
Y aún así no se pierde el beso.
Con eso sí que me quedo.
Una, u ocho, o doce más una veces. Con un Beso que Mienta Cariño. Con un Beso de Falsa Ternura.

viernes, 6 de julio de 2012

Los Perros del Canódromo



 
Los perros de las carreras están tristes. Salen a correr, luchan por saber quién llegará primero, quién alcanzará al conejito. Los perros del canódromo sueñan con óvalos interminables, con conejitos que corren más que ellos y huelen siempre a algodón. Dicen que ven las imágenes en blanco y negro, que disfrutan los olores como nosotros del color; tal vez sueñen con colores de hierba y carne tierna de conejo desmembrado.
Los perros del circuito de carreras canino corren detrás del conejito para despedazarlo, con la lengua afuera por la persecución; y están tristes porque en el fondo, desde que empiezan a correr otra vez en el óvalo, saben que el conejito es falso, y que sólo corren para poder pelearse entre ellos.

martes, 26 de junio de 2012

Carga Emocional Derivada de la Dipsomanía Autolítica


Y una cicatriz en el dedo índice. Señal de señalar, de llevar el cigarro hasta el final o de perderlo en el sofá y no poder encontrarlo. Una marca de lo que no muere hasta que se arroja lejos, aunque venga otro y otro y otro momento similar. Mira como estallan las burbujas. Un estrecho vínculo con las escaleras que bajan al sótano, una luz insuficiente, y el mechero en casa.
Y el musitar de las ratas sobre la gruesa capa de polvo azul, que devoran todo, que no dejan nada para mañana porque necesitan sobrevivir. Señal de la cruz sobre el ataúd de la juventud, frente al cadáver de la Esperanza de Gloria.

Aplaude la multitud.

Y suenan trompetas, y bajan angelitos del cielo cómplices de la mentira.
Y el último Superman, el de los últimos veinte segundos, pide asilo poético entre la nube de desconocidos. Consciente de su soledad espera ser arrastrado fuera del mundo por fumar cuando no debe.
Y allí, muere. Muere teatralmente para darle un final a la historia, para darle un sentido, sintiendo mucho no haberlo hecho antes.
Y a mí me cae bien por un rato.