miércoles, 25 de abril de 2012

Sweet Little Blue Planet



Amaba el mundo. Lo quería como a un hijo, como a un padre. Lo quería más que a mi perro. Amaba el mundo por todo lo que ofrecía, por todo lo que era, por ver un cristal facetado que contaba siempre las mismas historias de manera distinta. 


Pero yo vivo tropezando siempre en las mismas piedras, enamorado de su existencia, y para el mundo las historias repetidas, iguales, ya vividas, sólo producen dolor, así que me escupió y ahora vivo en órbita, helado e ingrávido, esperando que escupa a todos los demás idiotas y que muera solo, como yo me muero de frío.

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