martes, 26 de junio de 2012

Carga Emocional Derivada de la Dipsomanía Autolítica


Y una cicatriz en el dedo índice. Señal de señalar, de llevar el cigarro hasta el final o de perderlo en el sofá y no poder encontrarlo. Una marca de lo que no muere hasta que se arroja lejos, aunque venga otro y otro y otro momento similar. Mira como estallan las burbujas. Un estrecho vínculo con las escaleras que bajan al sótano, una luz insuficiente, y el mechero en casa.
Y el musitar de las ratas sobre la gruesa capa de polvo azul, que devoran todo, que no dejan nada para mañana porque necesitan sobrevivir. Señal de la cruz sobre el ataúd de la juventud, frente al cadáver de la Esperanza de Gloria.

Aplaude la multitud.

Y suenan trompetas, y bajan angelitos del cielo cómplices de la mentira.
Y el último Superman, el de los últimos veinte segundos, pide asilo poético entre la nube de desconocidos. Consciente de su soledad espera ser arrastrado fuera del mundo por fumar cuando no debe.
Y allí, muere. Muere teatralmente para darle un final a la historia, para darle un sentido, sintiendo mucho no haberlo hecho antes.
Y a mí me cae bien por un rato.



miércoles, 20 de junio de 2012

A Fuego Lento Hyde, A Fuego Lento



 
Cuando el fuego coma mi piel ya me habré ido. La persona que observarás entre las llamas no será la misma. Mis palabras habrán cambiado y se pintarán de otro color que no sabrás reconocer. Cuando me duerma entre las brasas sabrás que ya no estoy aquí, que detrás de mis ojos no habrá nunca más esa luz. Cuando las llamas me devoren y se enreden con mis venas, cuando grite y me consuma con cada exhalación, cuando el calor retome mis pies fríos y las ideas ardan arrasando mi cerebro, no quedará nada de mí. Entonces podrás coger mis cenizas y mirar como las esparce el viento desde tu ventana. Entonces nos reconoceremos, porque atravesarás el espejo y habitarás mi piel después de tanto tiempo sin hablarnos, y seremos tan malos como buenos.

viernes, 15 de junio de 2012

Barrio Muerto





Vivimos en el barrio muerto, donde todos tenemos la boca cosida y los ojos en el suelo. Vivimos porque no tenemos nada mejor que hacer, y porque de vez en cuando nos resucita alguna alegría. Luego volvemos a caer agarrados de los tobillos por estas aceras, incapaces de avanzar, de ir más lejos de lo que permiten los grilletes.
Pero ese rato vivimos, y miramos más allá de las nubes, casi hasta el cielo que nos robo el progreso.
Y ese rato recordamos que el azul no necesita ser un color triste, que todos los colores pueden cantar.
Pero siempre se nos olvida, siempre expiramos y dejamos caer los ojos y los hombros hacia delante.
Y siempre caminamos en la misma dirección, hasta donde nos dejan. Donde nos digan que por fin estamos muertos.

martes, 12 de junio de 2012

De Esto y Aquello, Mejor Dentro Que Fuera





Estaba borracho en aquel bar y como camarero no podía tolerar aquella situación. Me agarré de la chaqueta y levanté mi cuerpo de la barra.
–Estúpido cabrón, ¡despierta!
No tuve más opción que revolverme e intentar salirme de mis propias mangas, pero fui rápido y pude atrapar y retorcerme el brazo, al fin y al cabo, estaba como una cuba, y mis reflejos estaban mermados.
Me empujé hacia la puerta mientras la gente se apartaba y murmuraba. Me estaba haciendo realmente daño, pero no pensaba dejar que me soltase y siguiera faltándome al respeto. Tropecé y me dolió de verdad, pero me cogí del cuello con el antebrazo para obligarme a mantenerme erguido. Apestaba. Debía llevar horas bebiendo y no estaba seguro de que fuera a mantener la consciencia mucho más. Si dejaba de caminar me tocaría arrastrar ese saco de huesos hasta la calle y seguramente dar alguna explicación.
–Soy un cliente y merezco respecto.
Estuve a punto de escupirme en la cara. No merecía ningún respeto, no había sido más que el torpe incómodo desde que el bar había abierto. Así que no tenía más opción que deshacerme de mi. Empujé la puerta y me arrojé a cierta distancia entre juramentos.
–¡Sabes que vas a volver! –Me dije desde el suelo.
–Sí, pero ahora mismo no puedo dejar que siga aquí jodiéndolo todo.
–¿Qué es un bar sin un borracho?
Y volví a entrar, olvidándome fuera para intentar seguir trabajando sin que nadie me jodiera con preguntas viejas.

domingo, 10 de junio de 2012

Deconstrucción


Agoté cada bala antes de bajar el arma. Mi cráneo destrozado, mi cabeza sangrante. Me quedé observando la pared desde la cama, a menos de un metro. Era esa parte donde se habían pintado de rojo seis historias. Las gotas buscaban la salida cuesta abajo y se mezclaban en un código de barras, y se contaban los detalles, y se convertían en anécdotas. No pude evitar llorar cuando la primera se golpeó con el polvo del suelo, se expandió entre el gris y marcó el principio del horizonte. Una a una dejaron de ser cuentos para formar las líneas de mi mano, tan cortas, tan cruzadas con las grietas del suelo. Me atraparon, me dijeron que no tenía otra opción que haber hecho siempre lo que hice, y desgarré su piel hasta el hueso para no reconocerme.
Alimentado por el dolor pasé mis pies por la guillotina harto de seguir sus pasos, e introduje la cera de una vela en mis oídos para no escuchar las réplicas de mi garganta. Cegados mis sentidos y mis acciones, solo me quedaron los ojos, sabiendo que el camino de mis historias quedaba por siempre en la pared, tal cual las había disparado desde mi cabeza, con los pedacitos de mi cerebro.


miércoles, 6 de junio de 2012

El Perro


El perro es feliz porque puede lamerse las pelotas. Suele tener la comida que necesita, largas siestas y paseos. De vez en cuando incluso puede echar algún polvo. La existencia del perro es suficiente, y su mentalidad no le pide más. No necesita comprender por qué sale el sol por la mañana. No le preocupa la forma de la tierra. La tierra podría ser una estatua de James Brown y seguiría sin impresionarle. El perro sabe jugar, comer, follar y dormir. El perro compadece a sus amos, y no entiende por qué se ponen tristes a veces si tienen comida, refugio, y echan un polvo de vez en cuando. La depresiones del perro se curan llevándolo al campo, a la playa, a descubrir nuevos olores.
El perro no entiende por qué sus amos miran al infinito y rompen a llorar. Él no sabe nada del fin del mundo, simplemente no puede planteárselo, igual que no se plantea la muerte. Por eso todos los perros van al cielo, porque no se plantean cuando van a terminar las cosas ni si las han hecho bien. El perro también sabe ladrar y morder, pero ¿Para qué hacerlo si tiene suficiente comida, tiene refugio y echa un polvo de vez en cuando?
El perro tiene suerte de no ser un juguete, o podría llegar un hada madrina y convertirlo en un niño de verdad, como quieren sus amos, que no pueden.