miércoles, 6 de junio de 2012

El Perro


El perro es feliz porque puede lamerse las pelotas. Suele tener la comida que necesita, largas siestas y paseos. De vez en cuando incluso puede echar algún polvo. La existencia del perro es suficiente, y su mentalidad no le pide más. No necesita comprender por qué sale el sol por la mañana. No le preocupa la forma de la tierra. La tierra podría ser una estatua de James Brown y seguiría sin impresionarle. El perro sabe jugar, comer, follar y dormir. El perro compadece a sus amos, y no entiende por qué se ponen tristes a veces si tienen comida, refugio, y echan un polvo de vez en cuando. La depresiones del perro se curan llevándolo al campo, a la playa, a descubrir nuevos olores.
El perro no entiende por qué sus amos miran al infinito y rompen a llorar. Él no sabe nada del fin del mundo, simplemente no puede planteárselo, igual que no se plantea la muerte. Por eso todos los perros van al cielo, porque no se plantean cuando van a terminar las cosas ni si las han hecho bien. El perro también sabe ladrar y morder, pero ¿Para qué hacerlo si tiene suficiente comida, tiene refugio y echa un polvo de vez en cuando?
El perro tiene suerte de no ser un juguete, o podría llegar un hada madrina y convertirlo en un niño de verdad, como quieren sus amos, que no pueden.

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