jueves, 12 de julio de 2012

Fuego a Todo Ya



Lo tenemos pegado a la piel. Es alquitrán ardiendo, nos tapona la nariz y nos impide respirar hondo, coger carrerilla y echar a volar. Aquí nadie vuela, sólo ellos y sus hijos en aviones. Aviones que construimos con nuestras manos, que cuidamos con nuestro sudor y alimentamos con nuestra sangre. Sólo hay dos bandos, los dos pintados de gris: Una mano gorda, de humo y necesidad, de parásitos ávidos de más y más, de corbatas y chalet, de risas al mirar la cola del paro; y una casta gris que espera que llegue algo, que duerme bajo esa mano y castiga a los que gritan. Una casta con miedo a que la mano caiga.
Debería haber otro bando, uno que no tenga miedo a la mano, pero necesitamos trabajar para ganar lo justo para pagar el pan, para llegar al alquiler, para soñar con cuidar de nuestra familia. Y tal vez, tal vez, tal vez podríamos quemarlo todo para que nuestros hijos lo hagan mejor que nuestros padres, pero para eso necesitamos morirnos de hambre.

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