lunes, 1 de octubre de 2012

Sus Palabras



No lo decía, pero tenía la lengua llena de chinchetas. La gente se acercaba y le cogía del hombro, pero no arrancaban ni una palabra de su boca. Sabía que todo cuanto dijera estaba lleno de impertinencias, de subidas de tono, de humor negro o de comentarios inadecuados. No sabía mentir, así que se callaba, pero todos querían saber cuál era su próxima idea suicida.
Tenía la boca llena de heridas por morderse, y sangraban, y le llenaban la boca, y tragaba y tragaba, y no quería contárselo nadie. Sabía que su sangre quemaba, porque le quemaba por dentro al tragarla. Si hablaba, sabía que todo iba a arder. De la piel hacia abajo, del hueso al rencor. Las palabras se convertían en hierro oxidado entre los dientes, esperando su voz como catapulta, y se fueron quedando como metralla inerte.
Por eso no pudo concebir, no pudo comprender por qué el día que habló conmigo no pude entender, por qué no me hizo mella todo lo que me dijo. Tuvo la boca llena de agua estancada, de ideas muertas, y sólo pude percibir el peso de su lengua derrotada.


4 comentarios:

  1. Las lenguas muertas pesan mucho o eso nos dicen siempre.

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    1. Se duermen y terminan por no decir nada. Muchas gracias por leer y comentar Rufino, un abrazo fuerte.

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  2. Me removió. Su mutismo. Su sangre. Que se ensaliva por tus palabras hasta ese cortante peso de la lengua, tal vez sólo medible por la vergüenza, por el filo, por la caída.

    Un placer haberme colado por tus lares. Saludos.

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    1. Muchas gracias Mareva, espero seguir contando contigo en adelante :)

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