viernes, 4 de octubre de 2013

Las Pisadas de Nadie



Al hacerlo ya no llora nadie
Todos esperan bucólicos
tras ventanales de cafés bohemios
Pero nadie llora
Aunque el cielo no se canse
Porque nadie se fija
en los charcos que rebosan
derramándose
por las pisadas de nadie

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Natura Deuda





Fueron las paredes de mi cuarto las que te pusieron enferma. El agua de la tormenta manando por ellas, convirtiendo en placas de óxido el papel pintado.

Por eso te encerraste en el baño mientras preparábamos la cena. Vi los tatuajes de mi padre purgar su tinta y volverse tiras de sangre, quemaduras de viejos nombres que ya no existen. Tú, encerrada con la luz roja, enferma por el olor de nuestra carne quemada recorriendo el pasillo. Nosotros fuera, aguantando la respiración entre la grasa que se consumía.

Por eso te pusiste enferma, por el olor de nuestros cuerpos convertidos en marionetas de carne seca llamándote a la mesa. Tu refugio fue mermando hasta que caíste inconsciente y te perdimos, y no pudiste formar parte de esta familia feliz.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La Chica de la Pausa



Ella está hecha de cielo y nubes, coma, como un anuncio de compresas pero en serio. Está cerca de arriba, de ese techo azul claro, donde deja que las plumas le hagan cosquillas. Ella ríe y te carga de nostalgia, se mueve con un suspiro y sopla junto a tu oreja. Ella es una canción que se escapa entre los dientes, es una respiración calmada al final de la jornada. Ella crece cuando la calle se estrecha, se sujeta la falda con un sonrisa pícara y todos esperan que se ruborice. Y ríe. Es melodía silbada de notas que se confunden. Es todo lo que otros no soportan que sea, es viento que te inunda y te hincha de ganas por volar a verla. Ella

es

la coma

que da aliento

cuando te trabas en frases largas.

jueves, 21 de febrero de 2013

Hacia dentro





Aquí, fuera de mi cuerpo, de mi cabeza, aquí no importan los gritos. Es una habitación sin ventanas, llena de telarañas, de olor a madera muerta. Mi cuerpo suspendido por el aire que escapa entre las grietas, que me acuchilla los pulmones. Fuera, desde algún lugar fuera de la casa, un ejército de caras grises tiran de las cuerdas, tensan mis brazos y mis piernas, retuercen mi cabeza, secan mi lengua. El vacío se llena de crujidos, el silencio de dientes apretados, un poco más mellados con su crick-crack. Y fuera, más afuera, no me importa la música que suene, porque duele tanto que no puedo cantar lo que debo sin rasgar mi garganta. Y fuera, más afuera. Aquí no importan los gritos. Aquí te levantas sobre lo que tanto quise destruir y te llamo por mi nombre. Aquí, alejados de los gritos con los que estoy agrietando los cristales. Desde tan lejos. Me llamas.

Aquí, fuera, en una habitación a oscuras, abro la ventana a al frío y grito tu nombre hasta que no quedan paredes, hasta que todo está mudo, como la silueta de una melodía que muere sin ser más un estribillo.

martes, 22 de enero de 2013

Pues eso

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